La visita del P. Rafael a nuestra misión en el Callao, desarrollada del 10 al 17 de octubre, ha tenido un carácter entrañable y profundo. En sus nueve años como servidor mayor, esta tercera presencia entre nosotros se planteó como una visita «pastoral»: la cercanía del pastor que se acerca a su gente, escucha con paciencia, comparte la oración, anuncia la Palabra y no tiene miedo a pasearse literalmente cada noche por las “cañadas oscuras” de nuestro barrio, entre rostros tan tristemente signados por el abandono y la violencia.
Desde el primer momento, la semana quedó signada por este carácter de encuentro. El lunes, la actividad comenzó en el colegio congregando -en una gran mañana formativa– tanto al profesorado como al personal de mantenimiento. Alrededor de las Escrituras y de la significativa figura de los niños en el Antiguo Testamento, vivimos una experiencia luminosa en la que pudimos “tocar” la gracia: mientras algunos se conmovían y otros reavivaban un celo que creían apagado, no faltaron quienes, pensando dejar la misión educativa, se descubrieron confirmados en su vocación.
A lo largo de los días, esta corriente de renovación fue impregnando las reuniones con los grupos parroquiales, el claustro y el equipo directivo, el diálogo con mons. Miguel Ángel, obispo auxiliar, y las largas conversaciones personales con educadores, religiosos, familias y trabajadores de la Viña del Señor, para alentar, consolar, infundir nuevo vigor y esperanza.
En el centro de la semana celebramos el sacramento de la Confirmación de 48 personas –entre alumnos de nuestro centro y de dos colegios cercanos, y adultos–, una gran fiesta del Espíritu Santo que ha sido el verdadero protagonista de estos días.

El encuentro de jóvenes con inquietud vocacional ofreciendo una “charla implicativa” para descubrir juntos algunos elementos de discernimiento, también fue una bendición. Y la visita a la nueva planta del colegio, acompañados por el ingeniero y la supervisora, expresó la solicitud por el crecimiento de nuestro ministerio entre estos niños y jóvenes de la Perla a los que evangelizamos.

La mañana del viernes, como sello a este itinerario de comunión, nos integramos en la vida de la Iglesia diocesana. En el gran colegio de los padres maristas, quinientos educadores participaban en el Congreso Educativo diocesano. En el gran patio, entre trompetas y voces blancas, celebramos una entrañable Eucaristía con el obispo.

Y en el seno de la comunidad religiosa, en un íntima Eucaristía de acción de gracias por todo lo vivido, antes de marcharse, el P. Rafael dejó formalizado el nombramiento de nuestro hermano, el P. Federico, como nuevo servidor local de los Padres Cooperadores de la Verdad y de nuestra misión guadalupana. Asimismo, diversas reuniones con la Comunidad religiosa fueron motivo de diálogo fraterno y de crecimiento en comunión, buscando juntos el querer de Dios.

Ha sido ciertamente una semana intensa y fecunda, que deja en todos nosotros esperanza y un vigor renovado para seguir caminando y entregados a la vida y misión que tenemos como vocación.
